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2 | EVENTS SUMMER 09

EMBT GOES EAST

In 2007, the Barcelona-based studio Miralles Tagliabue EMBT won the public competition to design the Spanish pavilion for the Expo 2010 in Shanghai.
Now that the event will open in less than a year, Mateu Baylina and Xavi Ayala talked to Benedetta Tagliabue about the ideas behind the pavilion, being part of an international exhibition, and her impressions of Shanghai.

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Contents

01. GLOBAL EVENTS?
02. EMBT GOES EAST
03. DESIGNING VENUES
04. IN GOOD WE TRUST
05. BAUHAUS 2009
06. YES WE CAN
07. CDF 2011 PROPOSAL

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EMBT GOES EAST
MATEU Y XAVI CONVERSAN CON BENEDETTA EN SU ESTUDIO DE BARCELONA

La diferencia entre vuestro despacho y cualquier otro es que arriesgáis en todo lo que hacéis, siguiendo un discurso muy concreto o, por lo menos, eso es lo que parece desde fuera.

Sí, es verdad. Creo que por eso a veces no duermo. (risas)

Arriesgáis incluso hasta el punto de que algunas cosas pueden resultar económicamente temerarias, aunque lo cierto es que os ha dado unos frutos increíbles. ¿Cómo se enfrenta uno a un concurso para un acontecimiento como la Exposición Universal de Shanghai 2010 que espera recibir 70 millones de visitantes? Históricamente las Exposiciones Universales han marcado un punto de inflexión en el diseño; un punto y aparte sobretodo desde el punto de vista creativo.

Cuando piensas en los 70 millones de personas... a veces es mejor casi no saberlo. Cuando no eres totalmente consciente de la implicación que tiene lo que haces, entonces lo haces con una intención jocosa o con mucha intuición. Vas teniendo ideas en las que, como tú dices, asumes cierto grado de riesgo. Cuando empezamos el proyecto del Concurso del Pabellón de España en Shanghai, nos planteamos: ¿qué es una Exposición Universal? ¿Es un tema en sí mismo? El nivel de atención que tiene la gente es de un segundo, que ya es mucho. Todo va rapidísimo. Debes tener la capacidad de comunicar de forma inmediata e impactar a múltiples niveles. No creo que se pueda escribir un mensaje, porque no se capta. Las cosas se deben captar instintivamente. Damos por hecho que habrá mucha gente, muchas cosas que ver y un grado de atención bajísimo. Entonces ¿qué haces? Explicas España, ¿no? Explicando España puedes crear una especie de caricatura: Toros, flamenco, vino, plazas, vida al aire libre… aunque son unos tópicos tan típicos que dan hasta vergüenza (risas) pero al final sabes que de alguna forma debes hablar de estas cosas. Todo esto ha estado encima de nuestras mesas, como las películas de Almodóvar, y después decíamos: bueno, esto podemos esconder, ¿verdad? Sobre todo, esto lo trabajamos con Makoto, un colaborador japonés que no tiene ninguna vergüenza. Pero lo del flamenco y los claveles, no nos convencía. Sin embargo, todo esto tiene un dinamismo, unos movimientos que se han quedado en el proyecto. También se ha quedado esta idea de plaza, de un espacio abierto, que acoge a la gente antes de entrar dentro del pabellón. Y la idea empezó a coger forma. Después pensamos que el material debía ser impactante, hablar del tema de la globalización o de una ciudad mejor y también hablar de España. Nosotros hemos utilizado la cerámica en [el mercado de] Santa Caterina, que también se utilizó en la última Exposición Universal y hemos pensado: ya está, con la cerámica hablamos de una tradición muy española. Sin embargo, hay otra tradición muy española, bellísima, que es el mimbre, que es una tradición que se repite en muchísimos países del mundo y, sobre todo, en China. Tiene muchas implicaciones. También está la idea de que es una tradición artesana que intentamos rescatar a otra escala, hablar de que este es un contenedor casi como los que se utilizan en el campo, hablar de que la ciudad puede ser mejor si redescubres las tradiciones que ya tienes. Al final, hemos optado por esta idea un tanto loca.

Pero ha dado su fruto y está muy bien.

(risas)

Como experiencia, estar involucrada en un acontecimiento global de estas características, a diferencia de los proyectos que estáis haciendo fuera ¿qué problemas o qué cuestiones se os han presentado a la hora de plantear el proyecto? ¿Os planteáis este pabellón como un experimento o como una línea de trabajo sobre la que seguir trabajando, ya que parece que la imagen y la aceptación que está teniendo el Pabellón es muy buena?

Es parte de un desarrollo de pruebas que tenemos en el estudio. Para nosotros, cada proyecto crea sus temas de investigación y eso, como decías, es un riesgo. Está claro que debes asumir un cierto grado de riesgo, sabiendo que cuentas con la experiencia y con una serie de personas de las que te fías y que si haces las cosas con criterio más o menos saldrán. Yo creo que es muy interesante, porque también entras de la mano de España en un país que a todo el mundo fascina, que es China. A mí me gusta también este tema de ir acompañada, ir de viaje casi como cogida de las manos de tus padres.

¿Conocéis los otros pabellones, los emplazamientos, la relación qué deben tener los pabellones entre sí?

Más o menos, pero no mucho. Ahora empezamos a conocer más cosas, este está bien, este va mal, pero ya es tarde para cambiar nuestra dirección. Además, yo creo que lo mejor es mantener la idea en la que crees, no dejarte influenciar a estas alturas por lo que hacen los otros. En el momento de empezar, más o menos sabíamos la posición de los otros pabellones pero eso no ha influido. En este proyecto, lo que más falta quizá es el impacto del contexto, porque el contexto es un contexto efímero, poco conocido. Lo que sí que tenemos es que estamos delante del río, debajo del gran puente Lupu que es muy significativo, muy simbólico y ha sido un poco nuestra forma de entrar.

Entonces sí que teníais alguna referencia en cuanto al emplazamiento.

Sí, sí. Yo creo que ahora hay organizaciones que dicen: ¡estar debajo del puente es desastroso! A mí me gusta porque como mínimo, el puente es algo que ves, lo ves en este libro, Shanghai Transforming, y te parece ver el pabellón. Sabes que el pabellón está allá, aunque sea en un plano diferente.

Seguramente tendrá más visitas este emplazamiento que otro que esté en otra zona.

No lo sé, ya lo comprobaremos. (risas)

Vuestro pabellón construye el vacío, la misma piel que gira a través del vacío y te lleva hacia un entorno desconocido.

Exactamente. Eso es un poco también un tema en sí mismo, porque yo creo que no habrá demasiados pabellones que tengan un espacio vacío que acoge. A la hora de la verdad es complicado. Por ejemplo, mañana vamos a Madrid, un poco a pelear, porque hay fuentes y cosas que pasan dentro de este espacio. Este espacio está lleno de actividades, de flujos de gente y lo quieren reducir. Es complicado mantener un espacio abierto.

Además, en las ferias siempre te imaginas la caja cerrada, la caja hermética, blindada, donde el reclamo de entrar dentro del recinto siempre es mucho más artificioso de lo que parece en el proyecto. Vuestro proyecto parte de unas formas, una morfología.

Al principio nos hubiera gustado mucho concentrarnos en el tema del mimbre, en la transparencia, que el interior fuera exterior, que el exterior fuera interior, crear esta confusión haciendo exactamente lo contrario de lo que pasa normalmente en un pabellón que es como una caja de zapatos cerrada donde cruzas una puerta y entras en un mundo del que después sales. Queríamos hacer algo diferente aunque es complicadísimo a nivel logístico.

E incorporar dentro el material expositivo, debe ser, lo que decía antes Sònia [arquitecta del estudio], una discusión.

Al final las exposiciones son casi como cines. Intentas que haya siempre una especie de pequeña transparencia, crear la ilusión de estar dentro, de estar fuera...

Que también es nuestro clima, dentro-fuera, fuera-dentro.

Exactamente, nuestro clima que es maravilloso y no se puede comparar al de una ciudad como Shanghai, porque Shanghai es tremendo. Por eso todas las fuentes y el aire que hemos puesto en el patio de entrada son una apuesta a ver si también aquí podemos encontrar una especie de microclima, aparte del clima de Shanghai. Que sea un clima exterior pero casi como el prolegómeno para entrar.

Un proyecto tan complejo morfológicamente como este, ¿en qué momento pasa de la abstracción, del proceso creativo interno o en grupo, a la materialización, al dibujo? ¿Cómo llegáis a las ideas? ¿Qué mecanismos os ayudan a pasar de la abstracción? Supongo que es trabajo de maqueta.

Sí, aunque no siempre es trabajo en maqueta. Siempre hay algo, como tú dices, que lleva una idea a un nivel más abstracto que te puede servir después para darle otra medida, otra dimensión, otra función. Trabajas con elementos que después pueden transformarse.

Pueden cambiar de escala.

Pueden cambiar de escala, pueden cambiar de función y eso es algo que hacemos mucho, pero no creo que tengamos un sistema. En varios proyectos, este proceso se ha hecho de maneras diferentes y pienso que es un poco lo que intentamos, no aplicar siempre lo mismo, no tener siempre el mismo método que era también una palabra que Enric [Miralles] odiaba.

Como decías antes es más intuitivo.

Sí, yo diría que sí. Hay momentos en que dices, mira eso puede funcionar, podríamos ir en esta dirección y la sigues como puedes.

¿Os costó o teníais claro desde el principio cómo llegar a esta idea?

No, costar costó. En el caso de este pabellón ha habido una maqueta muy bonita. Es una maqueta de un patio que era el patio que queríamos hacer, porque queríamos que el pabellón fuera medio transparente, queríamos que el patio tuviera otros patios dentro del mismo pabellón para enfatizar la transparencia. Al principio eran tres. Entonces, partimos de esta maqueta de cartón porque era muy fácil hacer esta forma casi flamenca o de flor con este material. A raíz de la cerámica, cuando estábamos buscando el material, se nos ocurrió lo del mimbre y la idea fue girando un poco en torno a eso.

¿Os decidisteis por el mimbre directamente u os planteasteis otras cosas antes?

Hubo un momento en el que nadie se lo creía. Me acuerdo perfectamente, dos días antes de presentar el proyecto, cuando ya habíamos descartado el mimbre, estar sentada con el jefe de proyecto y dijimos: ¿y el mimbre? Es absurdo, ¿cómo lo hacemos? Podemos hacerlo de otra forma y ahí pensé, ¿lo descartamos o insisto? Y pensé, no, insistimos. El mimbre es facilísimo. Nos vamos aquí a la tienda de al lado, hacemos fotos, y listo. Además, no vamos a ganar así que no hay ningún problema. (risas)

Entonces seguramente una de las imposiciones de la SEEI (Sociedad Estatal para Exposiciones Internacionales) es que se mantuviera el mimbre, que podáis cambiar lo que quisierais menos eso.

No, no es verdad, no creas. El mimbre fue un tema complicado, también creó muchas dudas en la SEEI. Dudaban si el pabellón sería estable, si se estropearía, si se lo llevaría tifón…(risas) Lo del tifón siempre sale.

Habiendo trabajado con mimbre en este proyecto, ¿el despacho tiene intención de seguir investigándolo? Porque parece que es un material que se adapta muy bien a las formas que se desarrollan en el despacho.

Sí, es verdad, pero de momento no hemos hecho otra cosa, quizá porque sólo estamos investigando en este edificio.

A lo mejor es un punto de partida.

Sí, puede ser un punto de partida y me gustará ver como funciona aquí y quizá después podremos hacer otras cosas con este tema específico. Hemos descubierto otros edificios con mimbre, edificios fijos, viviendas, se están haciendo muchas pruebas en Alemania donde están investigando mucho con materiales alternativos, más tradicionales, más ecológicos y todo eso te da un poco de fuerza. Es un tema que interesa a todo el mundo que se ha dedicado a la investigación durante estos años. Todos estamos intentando hacer algo más, en una línea más... no me gusta decir la palabra sostenible, más natural.

El despacho siempre ha prestado una especial atención a los detalles. Es una arquitectura muy de aquí pero reinterpretada, sobretodo por la atención al detalle y yo diría que es un detalle que se adapta perfectamente a la filosofía de la intuición.

Yo pienso que sí, es un material que hemos utilizado en otras escalas. Las sillas se nos han ido estropeando pero las mesillas han aguantado. Siempre hemos ido a esta famosa tienda, que después hemos ido a fotografiar, a comprar cosas y era nuestro proveedor. Ahora se trata de un cambio de escala y de ver si funciona.

Madre mía. (Benedetta enseña las maquetas de los paneles)

Son las pruebas de como serán estos paneles. Queremos que sean más tridimensionales, que no sea una fachada plana. Si se colocan como azulejos, entonces es demasiado plana. Por eso queríamos que tuviera más volumen.

Como escamas...

Sí, son una especie de escamas porque, claro, tejerlo directamente es imposible. Podríamos hacer una cosa simbólica pequeñita pero sino sería imposible. Tenían que ser paneles que se produjeran en un sitio y se colocasen de otra forma. Por eso hemos pensado en paneles tridimensionales que se van solapando. Aunque no quieras recuerdan a las escamas.

En el diseño del pabellón, ¿qué vais a transmitir de España en China, aparte del mimbre?

Está la cuestión del dinamismo, los patios, la transparencia entre el exterior y el interior que quedan bastante claros. Los símbolos más fuertes como el movimiento del flamenco y las flores van desapareciendo, creo que son temas que se han quedado en niveles subliminales. Es curioso porque soy amiga de la arquitecta que ha quedado segunda, Izaskun Chinchilla, que presentó una propuesta casi opuesta, es decir, cogió todos estos símbolos reconocibles de España que eran exageradamente obvios. No es fácil.

Hay que huir un poco de los tópicos.

Exactamente.

Mantener el carácter pero no los tópicos.

Sí, es trabajar con los tópicos, porque debes hacerlo, porque has de reconocer un país de lejos, pero en nuestro caso son subliminales, no físicos.

¿Qué experiencia queréis que tenga la gente cuando entre en el pabellón?

No sé, una experiencia de sorpresa. También será una sorpresa para nosotros estar en un espacio muy acogedor que tiene carácter por sí mismo, porque es muy fácil entrar a un pabellón donde no hay un espacio sino una serie de cosas que te lo explican. Nuestro pabellón se explica por si mismo, sin palabras, sin conceptos, es una pieza bonita y de calidad y por eso te acuerdas de ella.

La gran virtud del pabellón creo que es eso, representa una gran figura muy atractiva que llama la atención sin necesidad de poner un rótulo. Yo creo que lo que se haga dentro puede que incluso quede eclipsado por el pabellón.

No lo sé, depende.

Me refiero a que es una figura tan espectacular que por muchas cosas que podamos hacer los españoles seguramente, la mejor representación sea el pabellón mismo.

Yo creo que siempre es eso, te acuerdas de las exposiciones más por los pabellones que por los contenidos. Después si te interesa puedes dedicar un tiempo y ver también la exposición y tener más información, pero al final los pabellones deben actuar de esta manera, deben comunicar algo inmediatamente. Eso es obligatorio.

¿Está previsto hacer algo después con el pabellón? ¿Se desmontará, se arreglará, se trasladará...? ¿Qué os gustaría a vosotros?

Se ha previsto que se pueda reconstruir en otro lugar. Todo el pabellón es desmontable, es un esfuerzo importante, pero la estructura tiene uniones roblonadas. Todas las piezas se pueden desmontar y volver a construir en caso que España quiera reconstruirlo en Shanghai. Si China decide que este sea uno de los tres pabellones que se quedan, sería algo increíble y fantástico. Si pasase estamos preparados. Tenemos todo un protocolo de mantenimiento y de sustitución.

¿Habéis hecho alguna prueba de durabilidad o una predicción?

Es muy difícil saberlo. Primero depende de cómo traten el mimbre. Como el mimbre se hace en China, esperemos que les hagan los mismos tratamientos que sabemos que se deben hacer aquí en España, porque muchas veces venden productos que dicen que ha pasado por “autoclave”, pero no ha pasado nada. Eso es por una parte, y después, hay que ver como reacciona al clima. Lo que sabemos es que es un material que no dura. No es piedra, pero también es un material que puedes ir sustituyendo. En caso de que realmente lo quieran conservar de por vida hemos contemplado la posibilidad de ponerle una especie de tela metálica por detrás para que vaya desapareciendo poco a poco y después de eso veremos otra cosa. De todas formas, es un tema que nos hemos planteado y que si [el pabellón] se hace permanente ya se irá investigando.

Para terminar, acabáis de visitar Shanghai, ¿qué impresión te ha causado la ciudad? ¿Qué impresión te llevas al trabajar allí? ¿Qué te ha impactado más? ¿Tenías alguna idea preestablecida?

Para mí Shanghai es tocata y fuga, que es como voy siempre, a trabajar, y por lo tanto las impresiones son inmediatas. Es una ciudad que a mí me fascina muchísimo. Recuerdo que la primera vez que fui, venía desde Hangzhou, iba en el taxi por la noche y me quedé impresionada. Realmente notas su presencia cuando entras en una ciudad imponente, grande, dinámica. Se está transformando mucho y a un ritmo impresionante. Después, poco a poco fui valorando más todo el tema internacional. Es una ciudad con puerto y eso se nota muchísimo. El que tenga una parte antigua, europea, el barrio francés, el barrio inglés, el alemán, todo esto del mundo occidental del siglo pasado y después todos que se dan una influencia recíproca. Eso es increíble en una ciudad que a mí me parece que es la ciudad del futuro, una ciudad con capacidad de futuro. Y eso me gusta muchísimo de Shanghai, que es muy abierta. También conozco Beijing porque he estado bastantes veces y creo que tienen una relación conflictiva (risas) y, claro, me gusta mucho más Shanghai, porque yo soy más de lugares abiertos, capaces de recoger la cultura de fuera y transformarla; ese es el tipo de mundo que me interesa. Hacemos muchísimos proyectos en lugares con puerto y agua, como por ejemplo en Hamburgo, que además está hermanada con Shanghai y donde he conocido a muchas personas de Shanghai. Es una ciudad alemana y al mismo tiempo no alemana, porque tiene el puerto y tiene esta cosa de dejarse influir que es lo que hace que estas ciudades tengan un carácter propio, un carácter muy curioso.

¿Qué pueden aprender las ciudades españolas de Shanghai y viceversa?

Creo que la apertura es una cosa que a todo el mundo le interesa muchísimo. Aquí en España la que tiene esta apertura y el puerto, es Barcelona (risas), pero hay muchas más ciudades que lo tienen. Dejarse influir es una capacidad maravillosa. Hay que ser muy abiertos, tener carácter pero también ofrecerlo, estar dispuestos a cambiarlo. Es la base de la comunicación, de la transformación y del movimiento del mundo actual.

¿Shanghai puede incorporar algo de España?

Seguramente. Shanghai es una ciudad china que está pasando junto con su país por unas transformaciones que dan miedo. España ya ha pasado por una transformación, a otra escala, más reciente que otros países de Europa. Yo por ejemplo soy italiana e Italia tiene mucha influencia y muchas conexiones con países como Alemana, Austria, Francia, Suiza. Aquí se nota que, por el hecho de no haber participado en la Segunda Guerra Mundial, no se ha vivido la liberación de los aliados. Todo eso ha hecho que la transformación sea diferente y tal vez por eso es más parecida a la que está viviendo China. Yo sí creo que China puede mirar a España y aprender muchas cosas, teniendo en cuenta la diferencia de tamaño, claro, porque China tiene unas dimensiones desproporcionadas.

Yo no conozco China, pero estuve este verano en Tokio me quedé impresionado cuando entré en una ciudad que tiene la misma población que todo un país.

Es increíble.

Y además consiguen alcanzar una calidad de vida muy importante.

Sí, sí.

Japón es uno de los países donde se vive mejor, aunque trabajan mucho.

Yo diría que cuando los japoneses vienen aquí a España no quieren volver. Me parece que hay muchos arquitectos, por ejemplo, los del grupo de [Arata] Isozaki, a los que hemos conocido y con los que hemos tenido muy buena relación, que cuando tienen que volverse a Japón echan de menos todo: la sartén, la morcilla... En vez de tener un pisazo fantástico viven en 30 m2. (risas)

Eso también es verdad. Nos ha contado Sònia que tenéis 50 personas de 20 países diferentes. Eso también os proporcionará una gran riqueza a los proyectos.

Sí, eso es verdad.

Para los que venimos de despachos más llanos, en las universidades, sobretodo las españolas, educan de una manera muy plana, muy estacionaria. Una persona de aquí empieza a enriquecerse con la relación con las creaciones exteriores, sobre todo la gente de fuera te aporta otras maneras de trabajar, otra manera de ver las cosas. Supongo que la educación y las vivencias que haya tenido cada uno acaban influyendo la manera de pensar y de proyectar.

Seguro


Traducción de Ana Ramírez.